7 errores comunes en Pilates y cómo corregirlos

7 errores comunes en Pilates y cómo corregirlos

Hay momentos en Pilates donde estamos convencidísimas de que lo estamos haciendo increíble.

La pierna altísima.

El abdomen ardiendo.

La cara de concentración absoluta.

Y mientras tanto nuestra pelvis está en otra comuna.

Been there.

La realidad es que nuestro cuerpo es MUY bueno encontrando maneras de completar un movimiento.

Cuando algo se pone difícil piensa:

“tranquila, yo me encargo.”

Y aparece otra estrategia.

Un poquito más de lumbar.

Un hombro que sube.

La pelvis que rota.

Una respiración que misteriosamente desapareció hace 40 segundos.

Eso no significa automáticamente que estés “haciendo mal Pilates”.

Muchas veces son simplemente compensaciones.

Y aprender a reconocerlas —en nuestro propio cuerpo y, sobre todo, cuando enseñamos— cambia muchísimo la forma en que entendemos el movimiento.

Así que hablemos de siete que veo muchísimo.

1. Querer más rango porque aparentemente MÁS siempre parece mejor

Side kick.

La pierna sube.

Perfecto.

Sube un poquito más.

Seguimos bien.

Y después queremos esos últimos tres centímetros que absolutamente nadie nos pidió y de repente la pelvis rota, el tronco se mueve y estamos haciendo prácticamente otro ejercicio.

Una de las cosas más importantes que podemos entender es:

más rango no significa automáticamente mejor ejecución.

Si para llevar la pierna más arriba tienes que perder completamente la estabilidad que estabas intentando trabajar, quizás ese rango todavía no es tuyo.

Y no pasa nada.

Prefiero mil veces una pierna un poquito más baja con control que una pierna llegando a la luna mientras el resto del cuerpo intenta sobrevivir.

La pregunta es:

¿Hasta dónde puedo moverme sin perder la intención del ejercicio?

Ahí está tu rango.

2. “Activa el core” = meter la guata como si te fueran a sacar una foto

No.

Activar el centro no significa pasar 50 minutos intentando que tu ombligo conozca personalmente tu columna.

Y tampoco significa mantener el abdomen rígido hasta olvidarte de respirar.

Nuestro tronco necesita generar estabilidad mientras seguimos respirando y moviéndonos.

Por eso me gusta mucho más enseñar el core desde la sensación de soporte y organización que desde la idea de “meter”.

Porque además…

estabilidad no significa rigidez.

Queremos un cuerpo capaz de responder al movimiento, no uno intentando convertirse en estatua.

3. Los hombros lentamente mudándose hacia las orejas

Empieza la serie de brazos.

Todo precioso.

Primera repetición: cuello largo.

Segunda: increíble.

Octava:

los hombros están prácticamente intentando ponerse los aros.

Es MUY común cuando aparece fatiga, especialmente trabajando con mancuernas, bandas o posiciones de apoyo.

Y acá tampoco necesitamos caer en el otro extremo de pensar que las escápulas tienen que permanecer pegadas “abajo y atrás” durante toda nuestra existencia.

Las escápulas se mueven.

Queremos que se muevan.

Lo que buscamos evitar es tensión innecesaria o una estrategia que apareció únicamente porque la carga ya es demasiado alta.

A veces la solución no es corregir más.

Es simplemente bajar el peso.

Tu ego sobrevivirá, prometido.

4. Bajar las piernas hasta el suelo porque… ¿por qué no sufrir un poquito más?

Leg lowers.

Uno de los grandes clásicos de:

“puedo bajar un poquito más.”

Y sí.

Quizás tus piernas pueden.

La pregunta es si el resto de tu cuerpo puede acompañarlas manteniendo la intención del ejercicio.

Porque muchas veces bajamos, bajamos, bajamos…

y llega ese punto donde la pelvis cambia completamente y la zona lumbar toma una demanda que no estábamos buscando.

Importante: esto NO significa que tu lumbar jamás pueda extenderse.

Por favor, dejemos que las columnas se muevan.

La columna está diseñada para hacerlo.

La diferencia está en preguntarnos:

¿ese movimiento era parte del ejercicio o apareció porque llegué más lejos de lo que podía controlar?

Si fue lo segundo, reduce el rango.

No hay medalla por acercar más los pies al suelo.

5. Dejar de respirar porque claramente respirar era opcional

Este es demasiado real.

Primera repetición:

inhalas ✨

exhalas ✨

Pilates queen ✨

Tercera repetición: impecable.

Octava:

llevas aproximadamente media vida conteniendo la respiración y estás reconsiderando todas las decisiones que te llevaron hasta esa clase.

Cuando aumenta el esfuerzo es súper común contenerla sin darnos cuenta.

Por eso, cuando enseño, muchas veces vuelvo a recordar la respiración justo cuando sé que una secuencia empieza a ponerse spicy.

No porque exista una única respiración correcta para absolutamente cada movimiento.

Sino porque seguir respirando también forma parte del control.

6. Hacer las últimas repeticiones a velocidad x2 para que terminen antes

Todos conocemos este fenómeno 😂.

La instructora:

“Últimas cinco.”

Tu cerebro:

PERFECTO. 5,4,3,2,1 EN 0,7 SEGUNDOS.

No funciona así.

Cuando un ejercicio empieza a quemar, acelerar puede convertirse simplemente en una estrategia para salir de la parte difícil.

Y muchas veces hacer exactamente lo contrario —bajar la velocidad— cambia completamente el ejercicio.

Más tiempo bajo tensión.

Más control.

Más conciencia.

Y, sí…

probablemente bastante más temblor.

No todas las clases ni todos los ejercicios necesitan ser lentos.

La velocidad también puede ser una herramienta.

Pero debería ser una decisión de programación, no una vía de escape .

7. “No me quemó, entonces no funcionó”

Ah, el burn.

Lo amamos.

Especialmente en Sculpt.

Ese momento en que tus glúteos están ardiendo y piensas:

ok, ESTO definitivamente está haciendo algo.

Y sí, esa sensación puede aparecer durante determinados tipos de trabajo.

Pero sentir más burn no significa automáticamente obtener mejores resultados.

Hay ejercicios que trabajan coordinación.

Otros estabilidad.

Movilidad.

Fuerza.

Control.

Equilibrio.

Propiocepción.

Y probablemente varios de ellos no harán que quieras mandarle un mensaje de odio a tu instructora al día siguiente.

Eso no los hace menos valiosos.

La intensidad es una herramienta. No es el único indicador de calidad.

Entonces… ¿qué estamos buscando realmente?

No queremos que todos los cuerpos se vean exactamente iguales haciendo Pilates.

Y tampoco quiero que terminemos aterradas de mover un centímetro “incorrectamente”.

Eso tampoco es movimiento consciente.

Lo que buscamos es entender:

¿Cuál es la intención de este ejercicio?

¿Qué quiero trabajar?

¿Qué debería mantenerse relativamente estable?

¿Qué quiero que se mueva?

¿Y qué está haciendo realmente mi cuerpo?

A veces la respuesta será reducir el rango.

Otras veces será quitar peso.

Cambiar una posición.

Respirar.

Ir más lento.

O simplemente aceptar que hoy nuestro side kick llega hasta ahí y no necesita llegar a Sydney.

Porque una de las cosas que más me gusta de Pilates es justamente esa:

hacer más no siempre significa hacerlo mejor.

Muchas veces, cuando entiendes lo que estás haciendo, necesitas muchísimo menos para sentir muchísimo más.

Y ahí empieza la parte realmente interesante.


NUA Journal · Pilates & Movement

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